Lesiones y Expectativas Corporales

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Lesiones y Expectativas Corporales

Mensaje por PALLANTIDES el Sáb Mar 01, 2008 7:39 am

Conciencia corporal: la expectativa del bienestar
Thomas Hanna


1. TRAUMA: EL PAPEL DE LAS LESIONES.

Algo que siempre les pregunto a mis pacientes es si han tenido alguna fractura, accidentes graves o una cirugía o si por alguna razón han sido hospitalizados. Otra cosa que siempre hago es observar de frente a estas personas para comprobar si no se inclinan hacia un lado; en ocasiones les pido que den unos pasos para ver si presentan indicios de cojera. Tanto las preguntas como la observación se dirigen al mismo objetivo: determinar si han sufrido lesión traumática.

Los efectos graduales del efecto de luz roja y el reflejo de luz verde transformados en hábitos del cuerpo se detectan más fácilmente observando al paciente por un costado. Serán evidentes la espalda caída y el vientre protuberante de la postura arqueada o el tronco inclinado del viejito; pero los efectos súbitos de un traumatismo se notan más viendo al paciente de frente. Ya sea cara a cara o por la espalda se hace evidente la inclinación lateral del tronco. La tensión a largo plazo afecta al cuerpo con igual intensidad en ambos lados, pero no ocasiona inclinación hacia un costado. Los traumatismos afectan sólo en el lado en que haya ocurrido la lesión, causando que los músculos se encojan, torciendo el cuerpo hacia un lado.

El reflejo del trauma es una reacción del sistema sensomotor que tiene por objeto protegernos del dolor. Es muy común, cotidianamente familiar. Cuando nos pica una abeja o nos ponen una inyección nos encogemos de miedo. Así se manifiesta el reflejo del trauma. Si alguien nos acerca un cerillo encendido, la parte del cuerpo que es amenazada se retirará del peligro encogiéndose. Así es el reflejo del trauma. Si nuestro cuerpo sufre una herida se produce un encogimiento de los músculos con el objeto de formar una apretada coraza alrededor del punto de la lesión; una manifestación más del reflejo del trauma.

Estas formas de tal reflejo pueden ocurrir en cualquier parte del cuerpo: arriba o abajo, al frente o por la espalda, en el lado izquierdo o en el derecho. Pueden ocurrir al frente, sumándose al encogimiento causado por la contracción del reflejo de luz roja, como pasa a veces después de una cirugía de corazón; pueden ocurrir en la parte posterior del cuerpo, sumándose a la dureza de una espalda arqueada, lo que pasa después de una cirugía de columna, pero sólo que la lesión sea en la parte central del cuerpo, la contracción de encogimiento del reflejo de trauma se hará mucho más evidente en un costado, y por lo general afectará la suavidad del andar y el sentido del equilibrio.

La presencia de escoliosis indica que hubo un traumatismo. Los médicos ortopedistas frecuentemente ignoran los traumatismos como factor de la escoliosis infantil, proponiendo a veces la extravagante teoría de las causas genéticas, ¡que un lado del cuerpo crece más rápido que el otro! En una pequeñísima fracción de los casos esto en verdad podría ocurrir pero por lo general estas deformidades genéticas aparecen junto con otros síntomas de deformidad, lo cual muy raras veces es el caso de la escoliosis.

La escoliosis puede ser una curva simple, como una C larga, o una doble, como una S. En el último caso la parte inferior de la columna se curva en una dirección y la columna torácica en una opuesta. La causa es casi siempre ésta: acaece una lesión en un lado del cuerpo, causando que los músculos de la pelvis y de la columna lumbar se contraigan con mucha más fuerza en un costado, pero el rflejo de nuestro sistema de equilibrio que nos mantiene en posición vertical, automáticamente jala la cabeza y la porción superior del tronco en dirección opuesta para contrarrestar la curvatura de la mitad inferior del cuerpo. Sea la curvatura simple o en forma de S, la causa es generalmente la misma: un traumatismo en un lado del cuerpo que ocasiona una contracción muscular refleja.

El reflejo del trauma puede activarse por cualquier daño severo en el cuerpo. Este reflejo puede ser accionado también por la cirugía. En los músculos que rodean el sitio intervenido se presentará una reacción de encogimiento espástico. Las mujeres sometidas a mastectomías pueden tener entumecimiento y dolor crónico en los hombros y en la parte superior de la caja torácica. Los hombres que fueron operados del corazón pueden presentar inflamación tirante en el pecho. Personas operadas de los riñones y que se les ha colocado un catéter en ocasiones tendrán espasmos musculares incontrolables en la parte baja del vientre y en la porción superior de los muslos, donde estuvo el catéter. Los ejemplos son incontables.

Igualmente frecuentes son los reflejos de trauma en un lado el cuerpo después de una caída con impacto severo en la cadera o posteriores a una torcedura de tobillo o a una fractura de pierna: la imposibilidad de cargar el peso sobre la pierna afectada causa un desplazamiento automático hacia la otra. No es un acto voluntario sino un reflejo para evitar el dolor; no podemos evitar favorecer a la pierna lastimada. Los sastres y también los quiroprácticos, les dicen a sus clientes que tienen una pierna más corta que la otra. De cientos de personas a las que les han dicho eso, no he conocido una sola que en realidad tuviera una pierna más corta. En todos los casos los músculos de la parte central del cuerpo sufrían una contracción crónica que jalaba la cadera hacia arriba por un lado. Hay tal variedad de reflejos de trauma como formas en que un ser humano se puede lastimar: desde lo brusco hasta lo sutilmente violento y desde una tortícolis hasta una parálisis.

La desigualdad entre los lados es tan común que la vemos constantemente pero no la notamos. De hecho, las columnas desviadas son tan “normales” que pocos especialistas de la salud se dan cuenta de que una persona que se inclina a un lado a causa de un accidente corre el riesgo de que se le pellizquen los nervios ciáticos si la parte baja de su espalda continúa arqueada por el reflejo de luz verde.

La ciática es causada por la presión de un disco sobre uno de los dos nervios ciáticos, ubicados entre la cuarta y quinta vértebras lumbares y entre la quinta vértebra lumbar y la primera sacral. Son nervios sensoriales que descienden a través de la pelvis por el muslo y la pantorrilla hasta llegar al pie. Cuando uno de estos nervios se pellizca el dolor se siente a lo largo del trayecto; si es moderado el dolor se sentirá sólo en la pelvis y la cadera; si la presión es severa el dolor será como un cable caliente. Es muy debilitante cuando es muy fuerte.

Salvo en casos de accidentes severos y compresión de fracturas, la ciática es una enfermedad de adaptación relativamente común. Como todas ésas, se relaciona de forma directa con la cantidad de tensión y traumatismo que haya habido en la vida de quien la padece. Mientras más vivimos, más ocasiones hay de sufrir tensiones y traumas. Por tanto, la ciática se asocia a menudo con las enfermedades del envejecimiento, pero puede ocurrir a cualquier edad. Y como toda enfermedad de adaptación, se puede evitar o remediar. Enseñar a evitar la ciática o a librarse de ella ha sido uno de los aspectos más interesantes de mi trabajo como instructor de somática.

Un panadero de 40 años entró a mi consulta cojeando por un dolor agudísimo en toda la pierna izquierda. Estaba aterrorizado por el dolor pero más por la cirugía de espalda que se suponía que necesitaba. Después de unas sesiones recuperó las sensaciones y el control del movimiento de los músculos de la región lumbar y de la parte izquierda del tronco. Después desapareció el dolor. Como luego comprobamos, el disco intervertebral, supuestamente desgarrado, no estaba más que saltado debido a la presión, igual a la de un tornillo de banco, causada por la contracción involuntaria de los músculos de la espalda baja. Con la contracción ya bajo su control voluntario, las vértebras recuperaron su posición normal. Celebra a diario el que su espalda esté tan sana levantando costales de harina de 45 kilos para vaciarlos en la amasadora.

Tenemos una capacidad casi milagrosa de aprender y adaptarse que tienen la conciencia humana y el sistema nervioso central, capacidad mucho mayor de lo que creemos. A medida que aprendemos más y más sobre la forma en que el cerebro controla, conserva, repara y protege nuestro cuerpo respetamos más y más esta maravillosa aptitud que tenemos. Somos mucho menos dependientes y desvalidos de lo que creemos ser, lo cual equivale a decir que somos mucho más responsables y autónomos de lo que creemos ser.


2. LA EXPECTATIVA

La palabra expectativa es una de las más importantes. Su importancia tiene que ver con el aspecto más ineludible de la existencia humana: el tiempo.
Vivimos en el tiempo, que es lo mismo que decir vivimos en un cambio constante: este instante deja su lugar al siguiente y éste a su vez al que sigue. Vivir y envejecer son sucesos idénticos, porque los humanos vivimos en el tiempo y nuestras vidas cambian del presente al futuro. En el filo de este cambio está la expectativa.

La expectativa es lo que nos lleva del presente al futuro. Es como la proa de un barco abriéndose paso: la dirección en que apunta marca el rumbo que toma la nave. La proa dirige el movimiento. Si apunta hacia arriba, la nave va en esa dirección. El curso de nuestra vida se guía por nuestras expectativas de igual modo que la nave se guía por la proa.

La expresión “profecía que se cumple por su propia naturaleza” significa que lo que esperamos que suceda por lo común es lo que en realidad sucede. La expectativa no es sólo una predicción del futuro; contribuye directamente a que el futuro se realice. En su papel de predisposición, la expectativa es crucial para nuestro bienestar. Consideremos el efecto de placebo. Esta palabra viene del latín y significa “he de agradar” y proviene de la liturgia católica: “Agradaré al Señor”. En el siglo XIX los médicos empezaron a usarla para referirse a cualquier sustancia sin efectos que se empleara como “medicina”, no para curar sino sólo complacer al paciente.

Sin embargo, al poco tiempo los médicos empezaron a notar algo extraño. Estas sustancias, que se suponían sin ningún efecto, realmente daban resultado si el médico lograba hacer que el paciente creyera que así sería.

Si el enfermo esperaba que una píldora de azúcar lo curara, así ocurría. Éste es el efecto de placebo.

Los médicos tienden a creer que sus técnicas son todo lo que el paciente necesita, pero el efecto de placebo los contradice. El estudio de F. J. Evans sobre la reducción del dolor comparando los efectos de la morfina con los de un placebo mostró la sorprendente eficacia del placebo en reducir el dolor con igual eficacia que el 56 por ciento de una dosis de morfina.
¿Qué causaría un efecto analgésico tan poderoso? La expectativa. Los médicos comprobaron el efecto de placebo también en una larga lista de enfermedades y disfunciones. Esto constituye la confirmación absoluta del enfoque somático: la conciencia humana es parte integral del mecanismo de autorregulación del cuerpo humano.

El efecto de placebo también se hace evidente en la práctica de la retroalimentación y en la psicoterapia. Ansiedad, edema, taquicardia, fobias y depresión han mejorado aplicándoles placebos. Evidentemente la expectativa es un factor presente en todo tipo de patologías humanas.
Por la importancia del placebo en la medicina clínica surgió la especialidad de psiconeuroinmunología. Esta prometedora área de la investigación se basa en algo que no hace mucho se consideraba imposible: que el sistema inmunológico no funciona independiente sino que lo hace en combinación con el sistema nervioso central. Además las emociones, las actitudes y otros estados de conciencia estimulan ciertos neurotransmisores que a su vez afectan al sistema inmunológico, de ahí el nombre de la nueva especialidad: psiconeuroinmunología.

Y en esencia, la hipótesis de trabajo de que un estado de conciencia puede originar cambios en los sistemas nerviosos mencionados es el punto de vista de la somática: que las actitudes y creencias que tengamos acerca de nuestro cuerpo y nuestra salud afectarán vitalmente la forma en que nuestro cuerpo y nuestra salud se desarrollarán. Si esperamos que nuestros cuerpos sean resistentes y sanos, tenderán a serlo. Por otra parte, se puede hablar de expectativa en relación con el mito del envejecimiento: creer que la falla estructural y la pérdida de funciones son inevitables. En este caso, la falla y la pérdida finalmente ocurrirán. La profecía se cumple por su propia naturaleza.

Si tenemos cierta edad y sentimos ciertas molestias corporales, el modo en que lo interpretemos es crucial. Si las tomamos como signo de enfermedades graves y la declinación que se espera que ocurra en esta etapa de la vida, estaremos aceptando una supuesta fatalidad y rindiéndonos ante ella. Desde un punto de vista funcional, anticipar una patología equivale a provocarla. Esto desencadena reacciones peligrosas en el cerebro y en el sistema inmunológico. Peligrosas porque, aparentemente, el solo hecho de rendirse a una enfermedad inutiliza nuestra habilidad de curarnos a nosotros mismos.
Si habitualmente nos encogemos como respuesta a las molestias corporales esperando lo peor, reafirmaremos crónicamente esta molestia como un estado permanente que luego se resiste a la mejoría. Ian Wicramasekera, investigador médico, al analizar el placebo como reflejo condicionado, opina sobre este aspecto de la expectativa negativa:
“Este análisis puede tener particular relevancia respecto a las enfermedades crónicas y funcionales, como dolor en la espalda baja, diabetes, padecimientos cardiovasculares y musculoesqueléticos y cáncer, en los que el reforzamiento prolongado e intermitente de los procesos no condicionados de enfermedad, lesión o disfunción incrementan la probabilidad de los efectos condicionados negativos que sustentan el padecimiento. En tales casos, la activación crónica e intermitente de los mecanismos de enfermedad por causas fisioquímicas no condicionadas puede desencadenar reacciones de anticipación aversiva cada vez más intensas que inhiban el sistema motor aun cuando el estímulo no condicionado esté inactivo. Es un hecho bien comprobado que el reforzamiento intermitente debido a estímulos no condicionados hará que un reflejo de desadaptación se vuelva en alto grado resistente a la mejoría”.

Esta afirmación nos aclara que el mito del envejecimiento no es sólo una creencia acerca de las enfermedades propias del envejecer, sino que puede ser la causa activa de esas enfermedades. En consecuencia, si respondemos a las molestias del cuerpo con actitud positiva y conciencia inteligente para contrarrestarlas, evitaremos de manera directa que un proceso de enfermedad, lesión o disfunción se transforme en un estado permanente.
En resumen, debemos estar concientes de nuestro cuerpo de manera inteligente, debemos tomar medidas positivas, como los ejercicios somáticos, para combatir los supuestos efectos inevitables del envejecimiento y así mejorar nuestra autorregulación corporal. De este modo, esos efectos nunca ocurrirán.
avatar
PALLANTIDES
Miembro Junior

Cantidad de envíos : 16
Edad : 48
Localización : México, D.F.
Fecha de inscripción : 26/02/2008

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Lesiones y Expectativas Corporales

Mensaje por Moleskine el Sáb Mar 01, 2008 3:39 pm

Interesante el articulo, buen aporte.Lo del placebo es muy muy curioso, el poder de la mente para curar y tal...
avatar
Moleskine
Moderador

Cantidad de envíos : 22
Edad : 28
Localización : Madrid
Fecha de inscripción : 24/02/2008

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.